lunes, 15 de julio de 2013
Siempre, siempre, me comparan. Y duele. Tal vez no sea guapa, lista, alta, o
simpática con todo el mundo. Tal vez no sea la niña buena, la sociable y la
enérgica. Pero soy yo. Y me gusta serlo. Y la constante comparación me marca un
camino. Una constante presión. Tengo mis gustos, mis ideas, mis sueños y mi
manera de ser. Y es un apoyo que no tengo. Es una familia que no me apoya. Pero
luego queréis que confíe en vosotros, que os cuente mis cosas y que sea cariñosa
y familiar. Lo soy. Con mis amigos. Esas personas que realmente me conocen y no
me comparan, que me quieren por ser quien soy, que buscan mi felicidad y mis
risas. Y duele más cuando queréis alejarme de ellos. Ellos son mi verdadera
familia. Con quien soy feliz.
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